Retrato del outsider

                                                                      A Francisco Herran

Hoy está con nosotros el retrato
que de vos pintara Bernier hace ya medio siglo
Con carbonilla y tiza la maestría de su mano
pudo fijar el rostro enigmático y bello:
su incomprensible y feroz llama
Outsider en una ciudad con tradiciones
donde era ley el culto a las costumbres
Nómade que no echaba raíces
y sin rumbo fijo transportaba sus bienes:
baúles repletos de libros religiosos y místicos
que hablan de tu ateísmo desesperado
y la búsqueda de dioses que jamás te escucharon


Vuelven tus ojos tu boca el pelo rebelde
en la pintura que regresa
aunque sé que ningún pincel
ninguna cámara fotográfica
tienen la fidelidad de mi memoria
donde tu joven figura “que olía a azufre”
según mis viejas tías
sigue siendo tatuaje
creciente luz y vuelo

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