A LA MEMORIA DEL POETA JESÚS RAMÓN VERA

Elegía

Se murió el poeta,

el amigo.

Jesús Ramón Vera

se llamaba,

caminante por la senda astillada

de su vida,

con sus heridas de hambre

masticando el pan de los silencios,

sediento de vinos y poemas

enamorados de pañuelos blancos

que rondan por la plaza

preguntando por sus muertos,

indagando por sus vivos.

Lo encontró la policía

con sus tres noches abrazadas

a su muerte,

demasiado solo

con el silencio masticando soledades,

los bolsillos cargados de ilusiones heridas,

sueños rotos,

lágrimas derramadas

en batallas de miseria,

de ideales estrellados

contra huracanes poderosos.

 

Se murió tejiendo sueños

con las hilachas del cansancio.

Una copla nacía de su boca

y una caja le guardaba

sus cenizas.

 

Pequeño quijote

enfrentado

a los heraldos del olvido,

enfrentó tormentas

en la soledad de los baldíos,

se fue de viaje

con las alas

de los pañuelos blancos.

Lo halló la policía

abrazado a su sombra.

Jesús Ramón Vera

se llamaba el poeta,

el hermano de mi orilla.

Víctor H. Escandell

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